lunes, abril 10, 2006

NARRADORES DE LA GUERRA

Los pasados 4 y 5 de abril tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Málaga el III Seminario Internacional de Reporteros de Guerra. Éste evento está enmarcado dentro de las actividades del programa “Estepona Ciudad del periodismo”.
Por allí pasaron grandes profesionales del periodismo, y en concreto del periodismo de guerra, como son Fran Sevilla, Bru Rovira, Pedro Pulgar, Ramón Lobo, Pascale Bourgaux, Javier Espinosa, Mercedes Gallego, etc. Aunque cada uno de ellos trabaja para diferentes medios y de diferente manera, comparten algunas reflexiones que parecen inherentes a ésta profesión.

La primera: que no existe la objetividad, no hay una verdad absoluta. Esto es algo que ya podíamos imaginar y entender. En el momento que una persona se encuentra en medio de un asalto, pasa por una aldea devastada o ve a un compañero morir injustamente, la objetividad desaparece. Las sensaciones que uno puede experimentar en ese momento son mayores que cualquier razonamiento. La noticia en estos caso no pasa por al lado de los periodistas que la observan con disimulo, no tienen más remedio que sumergirse en ella y dejar que les atraviese dejándoles marcados para siempre. Cuando yo leo una noticia sobre una guerra no espero encontrar una serie de cifras sobre los muertos, los heridos, las ciudades… Lo que realmente me lleva a interesarme por lo que suceden son las personas que lo están viviendo. Uno no puede imaginar el sufrimiento que es estar en mitad de una guerra y verse victima de ella si no se lo explican, si alguien no nos cuenta, a nosotros que disponemos de tantas comodidades, lo que es sobrevivir. En mi opinión lo mejor que puede hacer un periodista en estas situaciones es vivir y contar lo que vive, de tal manera que podamos identificarnos y acercarnos al verdadero problema de la guerra que siempre será la injusticia.

La segunda podría ser el miedo y la ausencia de derechos. Es posible que la guerra sea básicamente eso: miedo y que, por el contrario, la paz sea, como le dijo un anciano africano a Ramón Lobo, “cuando un hombre sólo teme a las serpientes”. El miedo a morir en una guerra es constante. Un reportero que va a una guerra, en cierto modo, lo vence o tiene motivos para vencerlo, pero hay otros miedos. Nos cuentan que en muchas ocasiones tienen dificultades para hacer su trabajo porque la gente tiene miedo a que les vean hablando con un extranjero, lo cual puede ser motivo suficiente para sufrir un secuestro. Las mujeres musulmanas tienen miedo a ser violadas porque en su cultura eso supone una deshonra para su familia y la muerte para ellas. Y aun más alucinante resulta pensar en que el simple hecho de ir al cuarto de baño en un campamento militar suponga un riesgo para una mujer que debe temer a sus compañeros masculinos, los cuales al parecer han decidido que el sexo es más importante que el respeto, el honor y la ley (curioso pensamiento para un militar)
La última de estás reflexiones comunes a todos los ponentes del seminario sería la de la guerra como espectáculo. Esto sólo puede beneficiar económicamente a unos pocos, estratégicamente a otros y perjudicar gravemente, siempre, a las victimas. Si se deja que se confunda a los lectores, oyentes o televidentes; se corre el peligro de que pase lo del cuento de “Pedro y el lobo”, que cuando tengan algo verdaderamente importante que contar, algo sincero, la gente ya no esté dispuesta a tomárselo en serio. Por ello, es muy importante que un profesional de este tipo tenga muy claro cual es su objetivo y su motivación, esperando, sinceramente, que no sea el dinero o la fama.

Por último me gustaría resaltar la idea de arriesgar la vida por la noticia, por contar a los demás lo que no pueden ver. Este es el lado más romántico y más trágico de esta profesión. Cuando un reportero va a un conflicto debe saber que con él también va en cierto modo su familia. En este seminario fueron recordados dos periodistas que fallecieron en la guerra de Irak: José Couso y Julio Anguita Parrado. Recordando a este último estuvieron, su madre, Antonia Parrado y la periodista y compañera Mercedes Gallego.

Si bien yo no se nada de la guerra, y poquísimas veces me he detenido a leer un artículo sobre ella, no dejo de reconocer el valor del trabajo de un reportero de guerra por hacer un periodismo tan difícil y tan necesario.

1 Comments:

  • Buena capacidad de síntesis, sí señor. Coincido especialmente en la reflexión sobre el riesgo que supone convertir la guerra en un espectáculo, si es que no se ha convertido ya. No hay que olvidar que las realidades sociales -entre ellas las guerras- no se componen de datos sino de historias, algo que ni los ejércitos ni los malos reporteros de guerra pueden transmitir.

    By Anonymous Dani Ortiz, at 10:47 PM  

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